📖 Una refutación bíblica al keynesianismo (blanqueamiento económico del socialismo) ☭

El keynesianismo: origen y esencia estatista
El keynesianismo surge con John Maynard Keynes en su obra Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (1936), proponiendo que el Estado debe intervenir masivamente en la economía para “estimular la demanda” mediante gasto público y emisión monetaria. Aunque se presenta como neutral, su lógica es la misma del socialismo: desplazar la soberanía del individuo hacia el Estado. La Biblia, en contraste, establece límites claros al poder civil (Romanos 13:4), otorgándole funciones de justicia y seguridad, nunca de planificación económica.
“Pondrás pesos justos y balanzas justas” (Levítico 19:36). Esta instrucción revela que la justicia económica comienza en el respeto a la medida real del valor, algo que el keynesianismo pervierte al manipular la moneda.
Emisión inorgánica y balanza injusta
La base del keynesianismo es la expansión monetaria artificial: imprimir dinero sin respaldo para “activar la economía”. Históricamente, esta práctica ha derivado en inflación y pérdida del poder adquisitivo (Alemania 1923, Venezuela 2017-2023). Desde la perspectiva bíblica, esto equivale a falsificar balanzas: un pecado condenado repetidamente (Proverbios 20:23).
Ludwig von Mises advirtió: “No hay medio para evitar el colapso final de un auge provocado por expansión del crédito” (La acción humana, 1949). El keynesianismo ignora esta advertencia, repitiendo el ciclo de auge y caída con consecuencias morales y sociales devastadoras.
Déficit fiscal perpetuo y esclavitud intergeneracional
El gasto deficitario keynesiano, basado en endeudamiento público, transfiere la carga fiscal a generaciones futuras. En términos bíblicos, esto es injusto porque los hijos pagan por pecados ajenos (Ezequiel 18:20). La deuda pública masiva de EE. UU. (superior al 120% del PIB en 2025) ilustra esta dinámica. Las naciones que prosperan son aquellas que controlan el gasto y respetan la propiedad privada.
Friedrich Hayek afirmó: “La responsabilidad fiscal es una condición para la libertad” (Camino de servidumbre, 1944). La expansión del déficit erosiona esa libertad y acerca a la sociedad al servilismo estatal.
Inflación como robo encubierto
La inflación keynesiana no es neutral: es un impuesto silencioso que favorece a los primeros receptores del dinero nuevo (Estado y banca) en detrimento de los trabajadores y ahorradores. Esto viola el octavo mandamiento (“No robarás”) y contradice el mandato de pagar al obrero su salario justo (Deuteronomio 24:15). La macroeconometría muestra que cada punto de inflación reduce entre 0,5% y 1% el salario real en economías emergentes.
Milton Friedman lo resumió: “La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario” (Money Mischief, 1992), desnudando la falacia keynesiana de culpar a factores externos.
Mercado libre y orden moral
La Escritura legitima la propiedad privada (Éxodo 20:15) y respalda el comercio voluntario (Proverbios 31). El mercado libre no solo es eficiente; también refleja el orden moral de responsabilidad individual y recompensa al diligente (Proverbios 10:4). Sociedades que han abrazado mercados libres —como Corea del Sur o Singapur— muestran PIB per cápita decenas de veces superior al de países con políticas keynesianas o socialistas.
R. C. Sproul señaló: “Cuando el gobierno invade esferas que Dios no le dio, se convierte en tirano” (Biblical Economics, 1999). El keynesianismo, al centralizar, fomenta precisamente esta tiranía.
Función limitada del gobierno
Romanos 13 define al Estado como “ministro para castigar al que hace lo malo”, no como proveedor económico. El keynesianismo transforma al gobierno en salvador temporal, usurpando el rol de la providencia divina y fomentando dependencia en lugar de virtud. Esto explica el colapso moral y fiscal de naciones con estados de bienestar hipertrofiados (Grecia, Argentina).
Abraham Kuyper: “No hay un centímetro cuadrado en toda la existencia sobre el que Cristo no diga: mío” (Sphere Sovereignty, 1898). El mercado y la economía, como esferas separadas, deben obedecer a Cristo, no al Estado.
Prosperidad bajo libertad económica
Los datos del Índice de Libertad Económica (Heritage Foundation 2024) muestran que los 10 países más libres económicamente tienen un ingreso per cápita 6 veces mayor que los 10 más reprimidos. Esto confirma lo enseñado por principios bíblicos: la diligencia, la honestidad y el respeto a la propiedad generan prosperidad (Proverbios 13:11). Keynesianismo y socialismo destruyen esos incentivos.
Bastiat lo anticipó: “El Estado es la gran ficción por la que todos intentan vivir a expensas de todos los demás” (Lo que se ve y lo que no se ve, 1850).
Hacia una economía bíblica y libre
Una economía cristiana reconoce la soberanía de Dios, la propiedad privada como mayordomía y el mercado como espacio de cooperación voluntaria. La intervención keynesiana, al distorsionar precios y destruir el ahorro, contradice estos principios y perpetúa ciclos de crisis. La alternativa bíblica es clara: gobierno limitado, justicia imparcial y caridad voluntaria.
Jesús enseñó: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Ni más, ni menos: al César no le pertenece el control total de la economía.
Referencias
Sproul, R. C. Biblical Economics. Ligonier Ministries, 1999.
Bastiat, Frédéric. Lo que se ve y lo que no se ve. París: Guillaumin, 1850.
Friedman, Milton. Money Mischief: Episodes in Monetary History. Harcourt Brace Jovanovich, 1992.
Hayek, Friedrich A. Camino de servidumbre. University of Chicago Press, 1944.
Kuyper, Abraham. Sphere Sovereignty. Amsterdam, 1898.
Mises, Ludwig von. La acción humana. Yale University Press, 1949.
Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.
