
Conservadurismo y cristianismo: una relación compleja
En el debate actual, muchos identifican el conservadurismo con el cristianismo como si fueran equivalentes. Sin embargo, la historia demuestra que no todo lo que se llama “conservador” refleja el Evangelio. El conservadurismo, en su sentido más amplio, busca preservar tradiciones y valores del pasado; pero la Biblia no nos llama a preservar todo lo antiguo, sino aquello que es santo, justo y bueno (Romanos 7:12). Jesús confrontó tradiciones humanas que invalidaban la Palabra de Dios (Marcos 7:8-9), recordándonos que la fe no se mide por el apego al pasado, sino por la fidelidad a la verdad revelada.
Francis Schaeffer advertía que “la base cristiana para la moral no es la tradición en sí misma, sino la verdad de Dios revelada en las Escrituras” (Schaeffer, How Should We Then Live?, Crossway, 1976, p. 45). Esto significa que el cristiano debe discernir qué conservar y qué rechazar según el estándar bíblico, no según la mera costumbre cultural o política.
El error del conservadurismo estatista y socialcristiano
Un error frecuente es pensar que basta con ser “conservador” para ser bíblico, incluso si ese conservadurismo defiende un Estado omnipresente. El socialcristianismo, muy extendido en América Latina y Europa, mezcla valores morales con políticas socialistas que contradicen la libertad y la responsabilidad individual enseñadas en la Biblia (2 Tesalonicenses 3:10). Pretenden hacer caridad mediante impuestos forzados, algo muy distinto al amor voluntario que Cristo demanda (2 Corintios 9:7).
El Papa Francisco llegó a afirmar que “los comunistas piensan como los cristianos” (Entrevista en La Repubblica, 2013), confundiendo la caridad con el igualitarismo impuesto. Sin embargo, las Escrituras nunca ordenan al gobierno redistribuir riqueza, sino administrar justicia (Romanos 13:3-4). Un conservadurismo que abrace políticas estatistas deja de ser bíblico porque sustituye la mayordomía personal por la coacción estatal.
Conservadurismo absolutista: cuando el poder se diviniza
La historia también muestra conservadurismos que, en nombre de la religión, establecieron regímenes absolutistas contrarios al espíritu del Evangelio. La Inquisición, con su persecución y censura, o el califato islámico radical, con su violencia y terror, son ejemplos de sistemas que pretendieron conservar una “verdad” mediante el uso de la espada, pero que traicionaron la libertad de conciencia que Dios otorga al hombre (Gálatas 5:1).
Abraham Kuyper afirmaba: “No existe una pulgada cuadrada de la existencia humana sobre la cual Cristo no diga: ‘¡Mío!’” (Sphere Sovereignty, 1898). Sin embargo, ese señorío de Cristo no justifica tiranías religiosas, sino que ordena los límites del poder civil y reconoce que el Estado tiene un rol ministerial y no mesiánico. El conservadurismo que idolatra el poder estatal es tan dañino como el progresismo que lo expande.
Tradiciones humanas y prácticas no bíblicas
El hecho de que algo sea antiguo o tradicional no lo hace automáticamente cristiano. La Biblia condena prácticas que en algunas culturas fueron “conservadas” durante siglos, como la poligamia, la brujería o la hechicería (Deuteronomio 18:10-12). Incluso dentro del Israel antiguo, Dios llamó a su pueblo a desechar costumbres paganas aunque formaran parte de su entorno histórico (Jeremías 10:2).
R. C. Sproul recordaba: “La tradición tiene un valor limitado; cuando contradice la Palabra de Dios, debe ser desechada” (Knowing Scripture, IVP, 1977, p. 25). El verdadero conservadurismo cristiano filtra toda costumbre bajo la autoridad de la Escritura, no del mero nacionalismo o la costumbre cultural.
Conservadurismo bíblico: valores y principios inmutables
El conservadurismo que la Biblia aprueba es aquel que defiende los principios que Dios estableció desde el principio: la vida (Éxodo 20:13), el matrimonio entre hombre y mujer (Génesis 2:24), la familia como núcleo de la sociedad (Salmo 127), la propiedad privada (Éxodo 20:15) y la responsabilidad personal ante Dios (Romanos 14:12). Estos valores no cambian con las modas culturales ni con las ideologías políticas.
Friedrich Bastiat, liberal clásico, decía: “La ley pervertida toma del pueblo para dárselo a otro. La verdadera justicia es lo opuesto: deja a cada uno en libertad con lo que le pertenece” (La Ley, 1850). Aquí se evidencia cómo un conservadurismo bíblico puede coincidir con principios liberales clásicos de libertad y propiedad.
Fusionismo: conservadurismo moral y liberalismo económico
Una corriente importante dentro del pensamiento cristiano contemporáneo es el fusionismo: la unión de valores morales conservadores con principios económicos liberales. Esta síntesis, popularizada por autores como Frank Meyer y sostenida por pensadores como Russell Kirk y Milton Friedman, reconoce que la virtud personal debe ir acompañada de libertad económica y gobierno limitado.
Desde una perspectiva bíblica, esto se alinea con la enseñanza de que el gobierno tiene un rol limitado (Romanos 13) y que la verdadera transformación no viene por decretos, sino por corazones regenerados. Esta combinación permite defender la vida, la familia y la moral cristiana sin caer en el estatismo ni en el libertinaje.
Conclusión: el único conservadurismo válido
No todo conservadurismo es cristiano. Algunos son estatistas, otros absolutistas, otros meramente tradicionalistas sin referencia a la Escritura. El único conservadurismo legítimo para el creyente es aquel que se somete a la Palabra de Dios, defiende la vida, la familia, la libertad y la justicia bíblica, y rechaza tanto el progresismo secular como las distorsiones religiosas del pasado.
Como dijo Francis Schaeffer: “El cristianismo no es conservador ni liberal en el sentido político: es algo más alto, que juzga a ambos desde la verdad de Dios” (A Christian Manifesto, Crossway, 1981, p. 27). En otras palabras, el cristiano no se define por etiquetas, sino por el Reino de Cristo que trasciende y corrige toda ideología humana.amilia no son solo tareas políticas, sino actos de obediencia a Dios. La batalla cultural se reduce a política porque las leyes moldean el destino moral de una nación. Quienes aman la verdad no pueden permanecer en silencio; deben levantar su voz, no por poder, sino por fidelidad al mandato de ser luz en medio de las tinieblas
Referencias
Bastiat, Frédéric – La Ley. Francia, 1850, p. 12.
Francisco (Papa) – Entrevista en La Repubblica. Italia, 2013.
Kuyper, Abraham – Sphere Sovereignty. 1898.
Schaeffer, Francis – A Christian Manifesto. Crossway, 1981, p. 27.
Schaeffer, Francis – How Should We Then Live?. Crossway, 1976, p. 45.
Sproul, R. C. – Knowing Scripture. IVP, 1977, p. 25.
Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.
