
Dios como Fundamento Objetivo de la Realidad Física, Moral y Social
La pregunta sobre la existencia de Dios es la base de todo sistema de pensamiento. Si Dios no existe, la vida carece de propósito y la moral se reduce a preferencias humanas. El argumento cosmológico indica que todo lo que comienza a existir tiene una causa, y dado que el universo comenzó a existir, debe existir una causa eterna, inmaterial y todopoderosa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Cornelius Van Til señaló: “Sin el Dios de la Biblia, no puedes justificar la lógica, la moralidad o la ciencia; solo en Él la experiencia humana tiene sentido”. Wayne Grudem advierte que cuando se quita a Dios del centro, “todas las estructuras sociales, políticas y culturales se desmoronan moralmente”. Y el pentecostal Myer Pearlman subraya: “Toda verdad, ya sea descubierta en la ciencia o en la moral, tiene su origen último en Dios”.
La Resurrección de Jesús: El Hecho Histórico que Confirma la Fe
El cristianismo no es una fe ciega, sino que se sostiene en un hecho histórico: la resurrección de Jesucristo. Pablo afirmó que “si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). Las evidencias históricas —la tumba vacía, las apariciones a testigos, y la transformación radical de los discípulos— no encuentran explicación adecuada en hipótesis naturalistas. John Stott declaró: “La resurrección de Cristo no es un mito, sino el hecho que sostiene todo el edificio del cristianismo”. El evangelista Oswald J. Smith añadió: “No predicamos un Cristo muerto, sino a un Cristo vivo que transforma personas y naciones”.
Qué es el espíritu, concepción secular y cristiana
En la enseñanza bíblica, el espíritu (ruaj en hebreo y pneuma en griego) es la parte más profunda e inmaterial del ser humano, creada para la comunión directa con Dios y portadora de la vida que proviene de Él. A diferencia del alma (néfesh en hebreo y psijé en griego), que es el asiento del intelecto, las emociones y la voluntad —es decir, la personalidad consciente—, el espíritu se relaciona principalmente con la dimensión espiritual y eterna del hombre. El alma nos permite pensar, sentir y decidir; el espíritu nos faculta para conocer, adorar y recibir la revelación divina. En la Biblia, “espíritu” denota aliento, viento o soplo, reflejando la idea de una vida impartida por Dios mismo (Génesis 2:7), en contraste con el alma, que expresa la experiencia individual y psicológica del ser.
En la concepción secular, el “espíritu” suele entenderse como sinónimo de energía vital, fuerza interior, carácter o incluso motivación, desconectado de toda referencia a un Dios personal. Bajo esta visión, el espíritu es más una metáfora que una realidad sustancial. En cambio, la perspectiva cristiana lo concibe como una entidad real e inmaterial, creada por Dios, que puede estar viva o muerta espiritualmente según su relación con Él (Efesios 2:1-5). Mientras la cultura secular reduce el espíritu a una abstracción o cualidad humana, la fe cristiana lo reconoce como el núcleo que conecta al ser humano con lo eterno, la morada donde el Espíritu Santo puede habitar y transformar la vida desde lo más profundo hacia afuera.
La Guerra que No Vemos: El Combate Espiritual Detrás de la Historia
La Escritura enseña que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades” (Efesios 6:12). Esto significa que detrás de los conflictos visibles hay un conflicto espiritual profundo. Abraham Kuyper afirmó: “No hay una sola pulgada cuadrada en toda la creación sobre la que Cristo no diga: ¡Mío!”. Smith Wigglesworth, uno de los predicadores pentecostales más influyentes, advirtió: “El creyente que ignora la batalla espiritual está desarmado frente a un enemigo que nunca duerme”. La apologética cultural nos llama a ver que esta guerra invisible se manifiesta en las ideologías, leyes y estructuras que moldean la sociedad.
Filosofías y Narrativas: El Enemigo Detrás de las Ideas
Pablo exhorta: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas” (Colosenses 2:8). Toda ideología lleva implícita una teología. El secularismo, el relativismo y el materialismo ateo pretenden construir un mundo sin referencia a Dios, pero como dijo R. C. Sproul: “La neutralidad es un mito; toda persona tiene un compromiso religioso, aun si es contra Dios”. Donald Gee afirmó: “El Espíritu Santo no teme al intelecto, pero sí a la arrogancia intelectual que rehúsa inclinarse ante la verdad de Dios”.
Adoración y Política: Cómo el Culto Moldea el Gobierno
“De Jehová es el reino, y él regirá las naciones” (Salmo 22:28). La idolatría política corrompe la justicia, ya sea que adoremos al Estado, a ideologías o a líderes carismáticos. John Calvin enseñó: “Donde no reina la Palabra de Dios, reinará la tiranía de los hombres”. En línea con esto, el predicador Leonard Ravenhill escribió: “Ninguna nación se levanta más alto que el altar de su adoración; si el altar es falso, la nación se corrompe”. La batalla cultural implica también recuperar el señorío de Cristo sobre la esfera política.
Justicia y Economía: El Principio Moral que Sostiene la Prosperidad
“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34). La economía no es neutra: refleja valores morales y espirituales. Wayne Grudem enseñó: “Los principios bíblicos producen justicia moral y prosperidad sostenible”. Y el predicador David Wilkerson advirtió: “Cuando una nación comercia con la mentira y la injusticia, se encamina a su ruina económica y moral”. El combate espiritual también se libra en la ética económica, defendiendo la integridad, la generosidad y la equidad.
La Cultura como Campo de Guerra: Medios, Arte y Educación
“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Corintios 10:5). La batalla cultural se libra en la mente, y los medios, el arte y la educación son armas estratégicas. A. W. Tozer escribió: “Lo que una persona piensa de Dios es lo más importante acerca de ella”. El evangelista Carlos Annacondia enfatiza: “Transformar una nación empieza por cambiar el corazón de su cultura con el poder del Evangelio”. Por eso, la apologética cultural debe estar presente en estos espacios, proclamando la verdad con belleza y claridad.
Leyes y Moral: Cuando la Legislación se Convierte en Espiritualidad
“¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía!” (Isaías 10:1). Las leyes siempre reflejan un sistema moral, y si la moral se divorcia de la verdad, se convierte en injusticia legalizada. Dietrich Bonhoeffer advirtió: “La ley sin verdad es injusticia organizada”. En un tono profético, David Yonggi Cho dijo: “Las naciones que rechazan la ley de Dios se precipitan hacia la esclavitud”. Defender leyes justas es parte de la batalla espiritual y cultural.
Oración y Acción: El Doble Frente de la Batalla Cultural
“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) es un mandato que implica dependencia constante de Dios. E. M. Bounds señaló: “La iglesia no necesita tanto mejores métodos como mejores hombres de oración”. El evangelista Oswald J. Smith insistía: “La oración es el motor de la misión; sin ella, la iglesia no avanza”. Pero la oración debe ir acompañada de acción, pues fe sin obras es muerta. La victoria se alcanza cuando oración y acción caminan juntas.
La Victoria Final: Cristo Triunfará sobre Toda Mentira Cultural y Espiritual
“El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (Apocalipsis 11:15). La historia avanza hacia la victoria definitiva de Cristo. Martín Lutero dijo: “Aun el diablo es el diablo de Dios”, recordándonos que nada escapa a su soberanía. Smith Wigglesworth proclamó: “No hay demonio que pueda resistir a un creyente lleno del Espíritu y armado con la Palabra”. Esta certeza nos da valor para perseverar en medio de la batalla cultural y espiritual, sabiendo que la verdad prevalecerá.
Referencias
- Abraham Kuyper, Sphere Sovereignty, Lexham Press, 2019, p. 32.
- A. W. Tozer, El conocimiento del Dios Santo, Editorial Portavoz, 2010, p. 1.
- Annacondia, Carlos, Oíd la voz de Dios, Editorial Peniel, 2005, p. 88.
- Bonhoeffer, Dietrich, Ética, Editorial Sígueme, 2008, p. 72.
- Calvin, John, Institución de la Religión Cristiana, Editorial CLIE, 2009, p. 245.
- Cho, David Yonggi, La Cuarta Dimensión, Editorial Vida, 2003, p. 112.
- Cornelius Van Til, The Defense of the Faith, Presbyterian and Reformed Publishing, 2008, p. 102.
- E. M. Bounds, El Poder a través de la Oración, Editorial Vida, 2005, p. 15.
- Francis Schaeffer, Escapando de la Razón, Editorial Mundo Hispano, 2004, p. 18.
- Grudem, Wayne, Política según la Biblia, Editorial Portavoz, 2011, p. 77.
- John Stott, La Cruz de Cristo, Editorial Certeza, 2003, p. 45.
- Lutero, Martín, La esclavitud de la voluntad, Editorial CLIE, 2008, p. 56.
- Pearlman, Myer, Introducción a la Teología Bíblica, Editorial Vida, 1999, p. 88.
- Ravenhill, Leonard, Por qué no llega el avivamiento, Editorial Vida, 2006, p. 39.
- R. C. Sproul, Defendiendo tu Fe, Editorial Portavoz, 2003, p. 63.
- Smith, Oswald J., La pasión por las almas, Editorial Vida, 2002, p. 54.
- Smith Wigglesworth, Fe que mueve montañas, Editorial Vida, 2003, p. 27.
- Wilkerson, David, La visión, Editorial Vida, 2003, p. 51.
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Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.
