🤝Fusionismo (libertarios y conservadores): La unión que la izquierda teme

Origen y pensamiento de Frank S. Meyer: el arquitecto del fusionismo

En la década de 1960, Frank S. Meyer, filósofo político y editor de National Review, se convirtió en la voz que dio forma a una de las síntesis más influyentes del pensamiento político moderno: el fusionismo. Este concepto surgió como una respuesta estratégica y filosófica a la fragmentación del movimiento conservador estadounidense y a la creciente amenaza del colectivismo. Meyer entendía que la defensa de la libertad individual y la preservación de la virtud tradicional no eran caminos opuestos, sino dos caras de una misma moneda. En In Defense of Freedom lo expresó de manera contundente: “La libertad solo puede florecer en un marco moral, y la virtud solo puede mantenerse donde exista libertad”. Esta afirmación no era una frase retórica, sino la síntesis de una visión en la que el Estado debía limitarse estrictamente a garantizar justicia, seguridad y defensa, dejando que la vida moral y cultural de la sociedad emergiera de manera libre, sin imposiciones ideológicas ni regulaciones opresivas.

Para Meyer, la clave residía en reconocer que la imposición de la virtud por medios coercitivos no solo era ineficaz, sino que corrompía el propio concepto de virtud. De ahí su célebre recordatorio: “Incluso el Gran Mandamiento se expresa en forma individual”, una frase que conecta directamente con Gálatas 5:13, donde el apóstol Pablo advierte: “Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. En esta concepción, el fusionismo no se limita a un acuerdo político coyuntural; es una propuesta de orden social coherente con la cosmovisión bíblica, que respeta la libertad como condición para que la virtud florezca genuinamente.


Fundamentación filosófica: libertad, virtud y el límite del poder

Uno de los pilares del fusionismo es la convicción de que la libertad y la virtud se sostienen mutuamente y no pueden subsistir la una sin la otra. Meyer lo resumió magistralmente: “La tradición sin libertad se convierte en tiranía; la libertad sin tradición degenera en libertinaje”. Esta idea encierra un equilibrio delicado pero vital: sin un marco moral sólido, la libertad se degrada en caos; sin libertad, la tradición se convierte en una herramienta de opresión. En este sentido, el fusionismo rechaza tanto el estatismo progresista que pretende moldear la vida de las personas desde arriba, como el libertarismo radical que niega toda autoridad moral externa.

Este planteamiento no solo es compatible con la filosofía política clásica, sino que refleja un principio bíblico fundamental. Romanos 13:3–4 describe a la autoridad civil como “ministra de Dios para bien”, establecida para castigar lo malo y proteger lo bueno, no para sustituir la responsabilidad moral del individuo. En otras palabras, el Estado debe ser un árbitro de justicia, no un tutor moral omnipresente. El fusionismo ve en este límite un salvavidas contra las dos amenazas más peligrosas para cualquier sociedad: la tiranía que asfixia la libertad y el libertinaje que destruye el orden.


De Goldwater a Reagan: el fusionismo en acción política

La historia moderna ofrece ejemplos concretos de cómo el fusionismo pasó de la teoría a la práctica política. Barry Goldwater, uno de los precursores del movimiento conservador contemporáneo, expresó en The Conscience of a Conservative: “No tengo interés en conservar el statu quo; quiero cambiarlo hacia la libertad”. Su campaña presidencial de 1964, aunque no victoriosa, sembró la semilla de una coalición ideológica que unía a libertarios y conservadores bajo una misma bandera contra el avance del comunismo y la expansión del Estado.

Esa semilla germinó plenamente en la presidencia de Ronald Reagan. En su célebre discurso ante la Conservative Political Action Conference (CPAC) de 1975, Reagan proclamó: “El corazón y el alma del conservadurismo es el libertarismo”. Durante su gobierno, logró combinar una agenda económica de reducción de impuestos, desregulación y fortalecimiento del libre mercado, con una postura moral firme en defensa de la vida, la familia y la fe. Este balance demostró que el fusionismo no solo era una construcción intelectual, sino una estrategia política ganadora capaz de transformar naciones enteras.


Partidos y líderes que han abrazado el fusionismo

Fuera de Estados Unidos, la primera ministra británica Margaret Thatcher articuló un enfoque que, aunque no se llamara formalmente “fusionista”, encarnaba sus principios. En una entrevista para Sunday Times en 1981 afirmó: “La economía es el método; el objetivo es cambiar el alma”. Esta declaración revelaba su convicción de que la prosperidad económica no era un fin en sí mismo, sino un medio para restaurar la dignidad, la responsabilidad y la cohesión moral de la sociedad.

En otras latitudes, partidos y movimientos políticos que han defendido simultáneamente el libre mercado y los valores tradicionales han reproducido, consciente o inconscientemente, la fórmula fusionista. Allí donde esta combinación se ha aplicado, se ha visto un impulso tanto en el crecimiento económico como en la solidez cultural, confirmando que el fusionismo es más que una teoría estadounidense: es una estrategia universal para la libertad.


Implementaciones y frutos visibles

El economista Alexander William Salter ha descrito el fusionismo como “el futuro del conservadurismo”, enfatizando que no se trata de una reliquia de la Guerra Fría, sino de un modelo plenamente vigente para enfrentar los retos del siglo XXI. Las administraciones de Reagan y Thatcher demostraron que es posible reducir la inflación, generar empleo, fortalecer la seguridad nacional y, al mismo tiempo, afirmar los valores morales que dan sentido a la vida en comunidad.

Estos frutos no son casualidad: la historia muestra que cuando los gobiernos respetan los principios de la economía libre y a la vez defienden una base moral objetiva, las sociedades prosperan. Proverbios 29:18 lo advierte con claridad: “Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena”. El fusionismo ofrece precisamente esa visión: una en la que la libertad es guiada por principios, y los principios se protegen gracias a la libertad.


El pacto entre libertarios y conservadores: una alianza estratégica para la libertad y la verdad

El fusionismo se sostiene sobre un pacto deliberado entre libertarios y conservadores que reconocen que la supervivencia de una sociedad libre depende de unir sus fuerzas. Los libertarios aportan una defensa férrea de la propiedad privada, el libre mercado y las libertades civiles. Los conservadores suman un compromiso inquebrantable con la ley moral, la familia y la herencia cultural que ha dado forma a Occidente. Juntos, forman una muralla contra el avance del estatismo y la decadencia moral.

Este pacto no implica uniformidad de pensamiento, sino una alianza estratégica donde cada parte refuerza las debilidades de la otra. Eclesiastés 4:12 lo ilustra magistralmente: “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Esta unión no solo es táctica: es un compromiso moral con la verdad y la libertad, capaz de resistir las embestidas ideológicas más agresivas.


La alianza más efectiva contra la izquierda y el progresismo

Ni el libertarismo aislado ni el conservadurismo en solitario han logrado frenar de manera sostenida el avance de la izquierda y el progresismo radical. El fusionismo, en cambio, crea una plataforma común que combina la eficacia económica del libre mercado con la estabilidad cultural de los valores tradicionales. El filósofo político Yoram Hazony lo resumió al decir: “Fusionism is, first of all, a necessary alliance”.

Esta es la fórmula que la izquierda teme, porque donde la libertad económica se une a un marco moral sólido, se cierran los caminos al colectivismo y al relativismo. Isaías 59:14 describe el diagnóstico de muchas sociedades modernas: “El derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo entrar”. El fusionismo se propone precisamente revertir esta condición, devolviendo la verdad y la justicia al centro de la vida pública.


Consistencia con la Biblia: un modelo de gobierno limitado y moralidad libre

El diseño bíblico del gobierno es sorprendentemente compatible con los principios fusionistas. Romanos 13 presenta a la autoridad como un instrumento para preservar el orden y castigar lo malo, sin extralimitarse en funciones que corresponden a la conciencia individual y a la comunidad. Esta limitación protege la libertad, y a su vez permite que la virtud florezca como un acto voluntario y no como una obediencia forzada.

1 Pedro 2:16 lo refuerza: “Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”. Esta perspectiva pone de relieve que la libertad sin virtud degenera, pero también que la virtud forzada pierde su esencia. El fusionismo, al equilibrar libertad y moral, se convierte así en una propuesta política y cultural profundamente coherente con el mensaje bíblico.o moral de una nación. Quienes aman la verdad no pueden permanecer en silencio; deben levantar su voz, no por poder, sino por fidelidad al mandato de ser luz en medio de las tinieblas

Referencias

Alexander William Salter – “Fusionism Is the Future of Conservatism”, Law & Liberty, Liberty Fund, 2023, s/p.

Barry GoldwaterThe Conscience of a Conservative. Shepherd Contemporary Press, 1960, p. 9.

Frank S. MeyerIn Defense of Freedom and Related Essays. Henry Regnery Company, 1962, p. 7.

Frank S. MeyerIn Defense of Freedom and Related Essays. Henry Regnery Company, 1962, p. 14.

Frank S. MeyerIn Defense of Freedom and Related Essays. Henry Regnery Company, 1962, p. 18.

Margaret Thatcher – Entrevista en Sunday Times, 3 de mayo de 1981, s/p.

Ronald Reagan – Discurso en la Conservative Political Action Conference (CPAC), 6 de marzo de 1975, s/p.

Yoram Hazony – Entrevista, Hoover Institution, 2022, s/p..

Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.