
Una pregunta inevitable: ¿todas las religiones llevan a Dios?
En un mundo donde existen más de 4.200 religiones, el relativismo cultural intenta convencernos de que todas apuntan al mismo Dios. Sin embargo, cuando examinamos sus afirmaciones, encontramos que son mutuamente excluyentes. El cristianismo no solo ofrece un camino moral, sino una verdad histórica verificable: afirma que Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo y resucitó de entre los muertos. Esta afirmación no es simbólica ni mística; es un evento que puede analizarse históricamente, filosóficamente y proféticamente.
El apóstol Pablo lo resumió con claridad: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). En otras palabras, el cristianismo se sostiene o se derrumba con un hecho histórico: la resurrección. Ninguna otra religión en la historia hace una afirmación tan audaz ni ofrece evidencia tan abundante para sostenerla.
El Mesías anunciado: profecías que trascienden los siglos
El Antiguo Testamento profetizó detalladamente la venida del Mesías. Isaías habló de un siervo sufriente que llevaría las iniquidades de su pueblo (Isaías 53), Miqueas predijo su nacimiento en Belén (Miqueas 5:2) y Zacarías anunció su entrada triunfal en Jerusalén montado en un asno (Zacarías 9:9). Estas profecías, escritas siglos antes de Jesús, encuentran cumplimiento exacto en los evangelios, mostrando que su vida no fue una coincidencia histórica, sino el cumplimiento de un plan divino.
William Lane Craig señala que estas profecías “no solo predicen eventos, sino que revelan una narrativa coherente que culmina en la persona de Cristo” (Craig, Reasonable Faith). Tal coherencia profética, imposible de falsificar por múltiples autores en diferentes épocas, valida la veracidad del cristianismo en un marco histórico y teológico.
Jesús en la historia: evidencias extrabíblicas
Incluso fuera del Nuevo Testamento, figuras históricas reconocen la existencia y el impacto de Jesús. Flavio Josefo, historiador judío del siglo I, escribió en sus Antigüedades Judías: “Jesús, un hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre… era el Cristo”. Tácito, historiador romano, mencionó que Cristo sufrió bajo Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio. Plinio el Joven también documentó que los cristianos adoraban a Cristo como a un dios.
Estas fuentes, hostiles o neutrales, no solo confirman la historicidad de Jesús, sino también aspectos centrales de su ministerio y crucifixión. Este conjunto de testimonios demuestra que la figura de Cristo no es un mito tardío, sino un personaje real cuya influencia transformó la historia universal.
La resurrección: el argumento cristológico central
La resurrección de Jesús es el corazón del cristianismo y su argumento más poderoso. Craig afirma que “la mejor explicación de los hechos mínimos —la tumba vacía, las apariciones y el origen de la fe cristiana— es que Jesús realmente resucitó” (Craig, The Son Rises). Ninguna hipótesis naturalista explica adecuadamente estos datos: ni el robo del cuerpo, ni las alucinaciones colectivas, ni la teoría del desmayo resisten el escrutinio histórico.
El cambio radical en los discípulos, que pasaron del miedo a la proclamación valiente incluso hasta el martirio, solo se explica porque vieron al Resucitado. Ninguna otra religión basa su fe en un evento verificable de este tipo; el cristianismo se fundamenta en un hecho que alteró el rumbo de la humanidad.
El Dios que se hace carne: singularidad del cristianismo
Mientras las religiones buscan al hombre ascendiendo hacia lo divino, el cristianismo presenta a Dios descendiendo hacia el hombre. “Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). En ninguna otra cosmovisión el Creador se humilla hasta compartir la naturaleza humana para redimirla.
Esta encarnación no solo responde a la necesidad moral del hombre, sino que provee el puente entre la justicia y la misericordia divina. La cruz es el punto de convergencia donde el amor y la justicia se abrazan: Dios paga en sí mismo la deuda que exige su santidad. Esa verdad es irrefutablemente única frente a cualquier religión o filosofía.
Evidencia moral y universalidad del mensaje bíblico
Los valores que sostienen la civilización occidental —dignidad humana, libertad, igualdad ante la ley— tienen raíz bíblica. Génesis 1:27 declara que todos fueron creados a imagen de Dios, fundamento del concepto moderno de derechos humanos. Jesús enseñó el amor al prójimo y al enemigo, principios que revolucionaron la ética antigua.
Sociedades que han abrazado estos valores han prosperado en libertad y justicia, mientras que las que los han rechazado derivan en opresión o nihilismo. Como señaló C. S. Lewis: “Si eliminas lo que es divino, también eliminas lo humano”. El cristianismo, por tanto, no solo responde al corazón humano, sino que sostiene la estructura moral del mundo.
Contraste con otras religiones: gracia versus obras
Las 4.200 religiones comparten un patrón: el hombre intentando escalar hacia Dios mediante obras, rituales o méritos. El cristianismo rompe ese paradigma: la salvación es por gracia mediante la fe, no por obras (Efesios 2:8-9). En lugar de exigir ascenso humano, proclama el descenso divino.
Este mensaje, escandaloso en su tiempo y radical hoy, ofrece certeza y paz que ninguna religión puede dar. Como dijo Martín Lutero: “La religión humana comienza con el hombre buscando a Dios; el evangelio comienza con Dios buscando al hombre”.
El testimonio de los mártires y la expansión imparable
Los primeros cristianos, testigos oculares de Cristo resucitado, sellaron su fe con sangre. No murieron por una fábula, sino por un evento que ellos mismos presenciaron. Su testimonio encendió un movimiento que, en pocas décadas, transformó el Imperio Romano y se expandió hasta los confines del mundo.
Hoy, más de dos mil millones de personas confiesan a Cristo, confirmando la veracidad y el poder de su mensaje. Tal propagación no puede explicarse solo por estrategia humana: es la obra del Espíritu Santo impulsando una verdad objetiva que resiste los siglos.
Cristo y la cosmovisión cristiana
Creer en Cristo no es solo aceptar hechos históricos, sino adoptar una cosmovisión coherente: una visión del mundo que explica origen, propósito, moralidad y destino. El cristianismo responde a estas preguntas con precisión y esperanza: fuimos creados por Dios, caímos en pecado, Cristo nos redime y un día restaurará toda la creación.
Frente al relativismo posmoderno y al vacío existencial, la cosmovisión cristiana ofrece significado absoluto. Como dijo Francis Schaeffer: “El cristianismo no es solo verdadero religiosamente; es verdadero en toda la realidad”. Es una verdad integral para la vida y la cultura.
Un llamado a la verdad: decidir ante la evidencia
El cristianismo no invita a un salto ciego, sino a una respuesta razonada a la evidencia histórica, profética y moral. La resurrección de Cristo exige una decisión: o lo rechazamos o lo reconocemos como Señor. No existe punto medio.
“Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Entre más de 4.200 religiones, solo una ofrece pruebas históricas, cumplimiento profético y transformación moral verificable. La verdad del cristianismo no es solo para creerla, sino para vivirla y proclamarla.y el progresismo moral. En palabras de Lord Acton, “La libertad no es un fin, sino el medio para alcanzar los más altos fines” (Letters to Bishop Creighton, 1887).
Referencias
Biblia. Santa Biblia, Reina-Valera 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, 1960. (Citas: 1 Corintios 15:14; Isaías 53; Miqueas 5:2; Zacarías 9:9; Juan 1:14; Efesios 2:8-9; Génesis 1:27; Juan 14:6).
Craig, William Lane. Reasonable Faith: Christian Truth and Apologetics. Crossway Books, 2008, pp. 233-240.
Craig, William Lane. The Son Rises: The Historical Evidence for the Resurrection of Jesus. Wipf and Stock Publishers, 2000, pp. 25-48.
Josefo, Flavio. Antigüedades Judías. Editorial Gredos, 1997, Libro XVIII, cap. 3, secc. 3.
Lewis, C. S. Mere Christianity. HarperOne, 2001, p. 35.
Lutero, Martín. Obras Completas de Martín Lutero. Editorial Concordia, 1985, Tomo II, p. 157.
Plinio el Joven. Cartas a Trajano. Editorial Gredos, 2005, Carta 10.96.
Schaeffer, Francis A. How Should We Then Live? The Rise and Decline of Western Thought and Culture. Crossway, 1976, p. 20.
Tácito. Anales. Editorial Gredos, 1992, Libro XV, 44.
Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.
