🪙Economía del Reino y Marginalismo: Un Puente entre Menger y la Biblia

El debate del valor: trabajo versus utilidad

Uno de los debates más importantes en la historia del pensamiento económico gira en torno a la naturaleza del valor. ¿De dónde proviene el valor de los bienes y servicios? La teoría del valor-trabajo, defendida por economistas clásicos y adoptada por Karl Marx, sostiene que el valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo incorporado en su producción. En contraposición, Carl Menger, fundador de la Escuela Austriaca de Economía, desarrolló la teoría subjetiva del valor marginal, que explica que el valor depende de la utilidad que cada persona asigna al bien en un momento y contexto específicos.

La Biblia, al describir la acción humana y el comercio en la antigüedad, respalda indirectamente esta visión subjetiva. En Proverbios 20:14 se muestra al comprador que regatea diciendo: “¡Malo, malo!”, para luego jactarse de su compra, revelando que el valor varía según la percepción individual y no por una medida objetiva. Esta perspectiva bíblica concuerda con Menger: el valor no es impuesto, sino discernido por individuos que actúan libremente en sus intercambios.


Oficios bíblicos y comercio sin precios impuestos

La vida de Jesús como carpintero (Marcos 6:3), la de Pablo como fabricante de tiendas (Hechos 18:3) y la de los discípulos pescadores (Mateo 4:18-22) ofrecen ejemplos claros de economía libre en tiempos bíblicos. Estos oficios se desarrollaban en mercados donde el Imperio Romano no imponía un precio único ni determinaba un valor objetivo de los bienes; los precios surgían de la interacción natural entre quien ofrecía y quien demandaba.

Estos ejemplos reflejan el principio central del marginalismo: los bienes no valen por la cantidad de trabajo invertido en ellos, sino por la utilidad que representan para quienes los adquieren. Así, una barca llena de peces podía valer más para alimentar a una familia hambrienta que para alguien con provisiones abundantes. Esta dinámica espontánea coincide con el diseño bíblico de mayordomía individual y libertad económica.


Carl Menger y la revolución marginalista

En Principios de Economía (1871), Carl Menger planteó que el valor no es intrínseco ni objetivo, sino que depende de la utilidad marginal: la satisfacción que brinda la última unidad consumida de un bien. A mayor abundancia, menor valor marginal; a mayor escasez, mayor valoración subjetiva. Este descubrimiento resolvió la llamada “paradoja del valor” que confundía a economistas anteriores: ¿por qué el agua, siendo esencial, vale menos que el oro?

Este principio también se observa en las enseñanzas de Jesús. En la parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44), un hombre vende todo para adquirir un campo que, para él, es invaluable por el tesoro que contiene. El valor no lo determina el trabajo invertido en el campo, sino la utilidad personal y el propósito que le atribuye quien lo descubre.


Refutación bíblica al valor-trabajo

La teoría del valor-trabajo reduce el valor de los bienes a una medición objetiva basada en el esfuerzo humano. Sin embargo, este enfoque choca con la realidad económica y con la cosmovisión bíblica. Las Escrituras nunca presentan el trabajo como la fuente del valor, sino como un medio para cumplir el mandato cultural y glorificar a Dios. Génesis 1:28 manda al hombre a “sojuzgar la tierra” y administrar los recursos, no a definir su valor en términos absolutos.

Gary North, economista cristiano influenciado por la Escuela Austriaca, argumenta que solo Dios conoce el valor absoluto de las cosas, pues Él es soberano sobre toda la creación. Los hombres, en cambio, asignan valor de manera relativa a sus necesidades y contextos providenciales. Por ello, cualquier intento estatal o ideológico de imponer un “valor objetivo” —como en el marxismo— contradice el orden divino y conduce a ineficiencia y opresión.


Propiedad privada y libertad económica: un principio del Reino

La teoría marginal de Menger presupone que los individuos poseen bienes y deciden libremente cómo utilizarlos o intercambiarlos. La Biblia afirma claramente el derecho a la propiedad privada: “No hurtarás” (Éxodo 20:15) y “No codiciarás la casa de tu prójimo” (Éxodo 20:17) establecen límites morales que protegen la propiedad. Además, la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) muestra que Dios espera que cada persona administre responsablemente lo que se le confía.

John Locke, padre del liberalismo clásico, afirmó que “la vida, la libertad y la propiedad” son derechos naturales. Esta concepción converge con el mandato bíblico: sin propiedad privada, la libertad y la mayordomía se vuelven imposibles. El marginalismo, al reconocer la valoración subjetiva y el intercambio voluntario, se alinea con esta ética cristiana de responsabilidad individual y respeto mutuo.


Trabajo y cooperación voluntaria

La Biblia dignifica el trabajo como vocación (Génesis 2:15) y como medio legítimo para proveer y servir. Sin embargo, no hace del trabajo la medida del valor económico. Pablo, al fabricar tiendas, no asignaba precio a su producto por las horas invertidas, sino según lo que el mercado estaba dispuesto a pagar. Los pescadores del mar de Galilea intercambiaban sus capturas de acuerdo a la demanda del momento, no por un cálculo rígido del esfuerzo realizado.

El marginalismo explica esta dinámica: el valor de un bien es relativo a su utilidad para otros, lo que fomenta cooperación y comercio voluntario. Gary North subraya que el trabajo debe orientarse a servir a Dios y al prójimo, no a acumular por imposición o coacción. El libre mercado —bien entendido— se convierte en un espacio donde la mayordomía cristiana puede florecer.


Economía del Reino y ética del valor

El mandato cultural en Génesis 1:28 y la enseñanza de Jesús sobre la fidelidad en lo poco (Lucas 16:10) establecen una ética económica centrada en la responsabilidad personal. El marginalismo ayuda a explicar cómo las personas priorizan sus decisiones económicas, mientras la Biblia provee el marco moral que las orienta hacia la justicia y el servicio.

Ludwig von Mises, heredero de Menger, afirmaba que “la economía es la ciencia de la acción humana”. Desde la cosmovisión cristiana, esta acción no es autónoma, sino sujeta al señorío de Cristo. Así, la teoría marginal no solo describe el mercado; también revela el diseño providencial de Dios, que permite que las interacciones voluntarias reflejen principios de justicia, libertad y amor al prójimo.


Marginalismo y cosmovisión cristiana

La teoría marginal de Carl Menger ofrece un marco que armoniza con principios bíblicos fundamentales: libertad, propiedad privada, responsabilidad y cooperación voluntaria. Al refutar la teoría del valor-trabajo, el marginalismo se acerca a la visión bíblica del ser humano como administrador de los bienes de Dios y no como engranaje de un sistema colectivista.

El ejemplo de Jesús como carpintero, Pablo como fabricante de tiendas y los pescadores del mar de Galilea refleja este modelo: una economía descentralizada, donde el valor emerge del intercambio libre y no de la imposición estatal. Esta economía del Reino, iluminada por la teoría marginal, no solo explica el funcionamiento del mercado, sino que apunta a una ética cristiana que integra economía y discipulado

Referencias

Locke, John. Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Londres: Awnsham & John Churchill, 1690, capítulo V, p. 17.

Menger, Carl. Principios de Economía. Viena: Wilhelm Braumüller, 1871, pp. 115-118.

Mises, Ludwig von. La Acción Humana: Tratado de Economía. Yale University Press, 1949, pp. 92-94.

North, Gary. Honest Money: The Biblical Blueprint for Money and Banking. Dominion Press, 1986, pp. 23-25.

North, Gary. Tools of Dominion: The Case Laws of Exodus. Institute for Christian Economics, 1990, pp. 1050-1055..

Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.