
El Principio Fundamental: Propiedad Privada
El capitalismo suele asociarse, erróneamente, con grandes fábricas, producción en masa y corporaciones multinacionales. Sin embargo, esta visión reduce un sistema complejo y moralmente fundamentado a una simple etapa industrial. El capitalismo, en su definición más pura, es el orden económico donde el usufructo y la propiedad de los medios de producción pertenecen a individuos o grupos privados, y donde el intercambio se realiza de manera voluntaria. Esta característica fundamental no requiere, en modo alguno, que la producción sea masiva; puede darse en escalas reducidas o incluso individuales.
El capitalismo descansa sobre la idea de que los individuos tienen derecho a poseer y administrar sus bienes. Este derecho se encuentra profundamente arraigado en la Escritura: “No codiciarás la casa de tu prójimo” (Éxodo 20:17) y “No robarás” (Éxodo 20:15) presuponen propiedad privada. Además, en Levítico 25:23 se establece que la tierra pertenece en última instancia a Dios, pero es entregada al hombre para su administración responsable, no para su usurpación colectiva.
Friedrich Hayek, Premio Nobel representante de la Escuela Austriaca, señaló: “La propiedad privada es el sistema más importante de señales que permite coordinar la actividad de millones sin coerción” (Camino de Servidumbre, 1944). Esta coordinación no depende del tamaño del capital, sino de la libertad del individuo para actuar.
Capitalismo y Producción Escalar: Del Taller a la Fábrica
Antes de la Revolución Industrial, el comercio y la producción ya se desarrollaban bajo principios capitalistas en talleres artesanales y granjas familiares. Como escribió Ludwig von Mises: “El capitalismo no creó la cooperación social; la amplió y perfeccionó, transformando la autosuficiencia primitiva en una red de intercambios voluntarios” (La Acción Humana, 1949).
La Biblia muestra ejemplos de esta escala reducida: la mujer virtuosa de Proverbios 31 administra viñedos, produce tejidos y comercia con su trabajo, sin implicar producción masiva, pero sí responsabilidad individual y mercado.
Intercambio Voluntario: Núcleo del Capitalismo
El intercambio voluntario, no el tamaño de las empresas, define al capitalismo. En Hechos 5:4, Pedro le dice a Ananías: “¿No era tuyo lo que tenías antes de venderlo? Y después de vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder?” Esta afirmación reconoce tanto la propiedad como la libertad de disposición. No hay imposición estatal ni colectivista, sino autonomía moral.
Milton Friedman, uno de los mayores exponentes de la Escuela de Chicago, afirmaba: “La libertad económica es un requisito necesario para la libertad política; sin la una, la otra se extingue” (Capitalism and Freedom, 1962). Su argumento subraya que el capitalismo protege la soberanía individual frente a imposiciones centralizadas.
Producción Masiva: Consecuencia, No Esencia
El desarrollo tecnológico permitió la producción en masa, pero esto es un fruto histórico del capitalismo, no su definición esencial. El modelo es igualmente válido para una familia que cultiva su propia tierra o para un emprendedor digital que monetiza sus habilidades en Internet. Como aclara Mises: “El capitalismo es producción para las masas, no porque sea masiva, sino porque responde a sus demandas” (La Acción Humana, 1949).
La Escritura valida la iniciativa personal en contextos pequeños y grandes. Jesús, en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), elogia a los siervos que multiplican su capital, sin importar su cantidad inicial, castigando al que lo esconde. Esto muestra que lo importante no es el tamaño, sino la administración fiel.
Propiedad y Justicia en la Economía Bíblica
La Biblia establece principios de justicia económica que armonizan con el capitalismo. Proverbios 13:22 declara: “El hombre de bien deja herencia a los hijos de sus hijos”, implicando continuidad patrimonial. El Antiguo Testamento regulaba transacciones privadas mediante pesos y medidas justas (Levítico 19:35-36), lo que hoy equivaldría a mercados sin manipulación estatal de la moneda, un punto que los economistas austriacos enfatizan al criticar la inflación generada por los bancos centrales.
Murray Rothbard, economista austriaco, sostenía: “La inflación es un robo encubierto; destruye la propiedad y la moralidad del mercado” (Man, Economy, and State, 1962). Esta crítica es consistente con los mandatos bíblicos contra el fraude en las transacciones.
Pequeña Escala en el Capitalismo Moderno
El capitalismo contemporáneo no solo se manifiesta en corporaciones. Con la economía digital, miles de individuos ejercen control sobre sus propios medios de producción: diseñadores, programadores, creadores de contenido. Este “microcapitalismo” refleja el principio de mayordomía: administrar los talentos recibidos (Lucas 19:13).
Israel Kirzner, de la Escuela Austriaca, describe al empresario capitalista como “descubridor de oportunidades”, no necesariamente como dueño de grandes capitales (Competition and Entrepreneurship, 1973). Lo esencial es la libertad para emprender, no el tamaño del emprendimiento.
Crítica a la Confusión entre Capitalismo y Corporativismo
Muchos críticos confunden capitalismo con corporativismo o connivencia entre grandes empresas y gobiernos. Sin embargo, el verdadero capitalismo rechaza privilegios estatales y subsidios. Como dijo Hayek: “Cuando el Estado interviene para favorecer a unos sobre otros, deja de haber libre mercado” (Derecho, Legislación y Libertad, 1973).
La Biblia también denuncia favoritismos en la justicia (Levítico 19:15), implicando que un sistema económico justo no privilegia al poderoso sobre el débil, sino que aplica las mismas normas a todos.
Capitalismo y Responsabilidad Moral
«La ética protestante es el espíritu del capitalismo». El capitalismo bíblico no es un sistema de codicia, sino de responsabilidad. Efesios 4:28 exhorta: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.” El trabajo privado y productivo no solo es legítimo, sino que permite la caridad voluntaria, opuesta a la redistribución forzada.
Milton Friedman, Premio Nobel de la Escuela de Chicago lo resumió: “La sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad no tendrá ninguna de las dos. La que pone la libertad por encima de la igualdad, logrará un alto grado de ambas” (Free to Choose, 1980).
El capitalismo, correctamente entendido, no se define por la producción masiva ni por el tamaño de las empresas, sino por el usufructo privado de los medios de producción y el intercambio voluntario. La Biblia respalda estos principios al reconocer la propiedad privada, la justicia en las transacciones y la responsabilidad individual. Los economistas de la Escuela Austriaca y de Chicago corroboran que la libertad económica permite tanto al pequeño productor como al gran empresario crear valor y servir a la sociedad sin coerción.a nación. Quienes aman la verdad no pueden permanecer en silencio; deben levantar su voz, no por poder, sino por fidelidad al mandato de ser luz en medio de las tinieblas.
«El ascetismo protestante actuó poderosamente contra el consumo desmedido, especialmente contra el gasto en lujos; por el contrario, estimuló la acumulación de capital mediante la práctica de la frugalidad y el trabajo diligente. Así, el capital no se acumulaba para el disfrute, sino como un deber moral hacia la vocación que Dios había encomendado al hombre.» (Weber)
Referencias
Friedrich Hayek – Camino de Servidumbre – University of Chicago Press – 1944 – p. 78.
Friedrich Hayek – Derecho, Legislación y Libertad – University of Chicago Press – 1973 – p. 102.
Israel Kirzner – Competition and Entrepreneurship – University of Chicago Press – 1973 – p. 56.
Ludwig von Mises – La Acción Humana – Yale University Press – 1949 – p. 259.
Ludwig von Mises – La Acción Humana – Yale University Press – 1949 – p. 612.
Milton Friedman – Capitalism and Freedom – University of Chicago Press – 1962 – p. 8.
Milton Friedman – Free to Choose – Harcourt Brace Jovanovich – 1980 – p. 104.
Murray Rothbard – Man, Economy, and State – Van Nostrand – 1962 – p. 45.
Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Alianza Editorial, 2001, p. 109
Eleazar Betancourt | Abogado, Politólogo y Teólogo.
